SOBRE EL TÉRMINO «PANCA»

choclo-serrano-fresco

En el tomo II del Diccionario de peruanismos, de Juan de Arona, se ofrece una extensa definición del término «panca» que despierta la curiosidad del lector por las costumbres de la época que revela, muchas de las cuales ya no están vigentes, y de la cual citaremos el fragmento pertinente:

… Del quichua ppanca. «Hojas que cubren el choclo», traduce Tschudi, y por choclo pone en alemán Maiskolben, que literalmente quiere decir «la panoja del maíz».

La panca, verde o seca, tiene varias aplicaciones caseras; sirve para envolver humitas, chapanas, y la mantequilla fresca que venden por las calles de Lima las serranas ambulantes.

En el valle de Cañete la emplean, además, como tapones para las hormas o formas en que purga el pan de azúcar, y también como hisopo para lavar el mismo pan. Pero el uso más noble y general de la panca y por el que es conocida y cara a una parte de la humanidad, es el de cigarrillos de panca, no de tanto consumo en el Perú como en Chile, y conocidos y vendidos aun en Europa con el nombre de guatemaltecos. En Chile, cigarros de hoja.

Entre los artefactos de las perfumerías comienza a figurar una linda panca artificial como envoltorio de fantasía de los jabones de olor.

Se emplea igualmente como borra, bien detestable por cierto, para rehenchir asientos y cojines de sofás, allá en las chacras o lugares de campo… (1974: 235).

No aparece el término «panca», así en singular, en el Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú, de Guillermo E. Bendezú Neyra (1977), pero sí en el Diccionario de peruanismos, de Juan Álvarez Vita, con la siguiente definición: «(voz quechua). Amér. f. Hoja que cubre la mazorca del maíz. // 2. Perú. V. Ají de panca» (1990: 390).

El Vocabulario de peruanismos, de Miguel Ángel Ugarte Chamorro, por su parte, define de modo similar a como lo hace el diccionario de Álvarez Vita el término «panca»: «(Del q. p’ankka: farfolla del maíz) f. Las hojas que envuelven apretadamente la mazorca del maíz» (1997: 218).

En la versión en línea del Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), el término «panca» tiene la siguiente acepción (véase: https://tinyurl.com/y94yr7hs):

Panca, captura

En el libro 1000 palabras y frases peruanas, de Martha Hildebrandt, la académica refiere lo siguiente acerca del término «panca»:

… Representa la pronunciación castellanizada del quechua p’anqa (con p glotalizada y k uvular); en español general se llama perfolla, espata. La panca se usa, en el Perú, para envolver la humita (no es un diminutivo sino la adaptación del quechuismo humint’a), una especie de tamalito salado o dulce (tamal es un aztequismo); la panca del maíz se usa todavía para envolver cigarrillos en Chile y otras partes. La forma prefijal despancar es quitar la panca al choclo (del quechua chokkllo ‘maíz tierno’); despancado es el proceso mismo y despancador el instrumento que se usa para esa tarea (2011: 237).

En el Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, el término «panca» se define de este modo: «f. Hoja compacta que envuelve la mazorca de maíz». Y un ejemplo de su uso es el siguiente: «Comen juntas, soplándose una a otra los dedos, que con torpeza buscan deshacer el envoltorio de pancas calientes» (2016: 709).

Algo que llama la atención es que Juan de Arona, Álvarez Vita, Ugarte Chamorro, el Diccionario de americanismos y Martha Hildebrandt coinciden en señalar que el término «panca» proviene del quechua, mas no lo hace así el DiPerú, de Julio Calvo Pérez.

Como texto dirimente, cabe mencionar aquí el Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del inca, de Diego González Holguín, libro del cual Porras Barrenechea dirá en el prólogo: «Es el mayor monumento de la lengua quechua de todos los tiempos y su más clásico hontanar…» (1989: XLIV).

González Holguín ofrece dos definiciones del término «panca». La primera es esta: «Ppancca. La oja del chocllo que lo embuelve». Y la segunda es esta: «Ppancca o challa. Es la hoja de mayz seca» (1989: 277). He transcrito las definiciones según como aparecen en el original.

El trabajo previo realizado permite colegir que a Julio Calvo Pérez muy probablemente se le olvidó mencionar que el término «panca» proviene del quechua. Y este detalle ha salido a la luz a través del cotejo que se ha hecho de los diferentes diccionarios que, diga lo que se diga al respecto, siempre pueden aportar algo.

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/y9ef9rkv

 

 

Bibliografía

ÁLAVAREZ VITA, Juan. Diccionario de peruanismos. Lima: Librería Studium Ediciones, 1990.

BENDEZÚ NEYRA, Guillermo E. Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú. Lima: Librería, Importadora, Editora, Distribuidora Lima, 1977.

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

GONZÁLEZ HOLGUÍN, Diego. Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del inca. 3.a ed. Lima: Editorial de la UNMSM, 1989.

HILDEBRANDT, Martha. 1000 palabras y frases peruanas. Lima: Editorial Planeta Perú, 2011.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 18 de mayo del 2019 en https://tinyurl.com/y5fpotrs

UGARTE CHAMORRO, Miguel Ángel. Vocabulario de peruanismos. Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1977.

 

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

MÁS SOBRE EL TÉRMINO «BIVIDÍ»

Foto de DA y DiPerú 12.1.20,.jpg

He buscado darme un tiempo dentro de mis recargadas labores para responder algunas consultas que me hacían dos lectores de mi blog La Norma Académica, relacionadas con el uso del término bividí, del que hablé en la entrada «Sobre el término “bividí”», del 28.2.18 (véase: https://tinyurl.com/ufv3sob).

El primero de diciembre del 2019, Christian Paul Díaz del Olmo Huyhua, en un comentario a la entrada en cuestión de mi blog, preguntaba lo siguiente: «Al saber su origen, ¿cuál es la palabra correcta para esa prenda?».

Y el 5 de enero del 2020, Luis Renato Codina, en otro comentario a esa misma entrada de mi blog, hacía esta otra pregunta: «¿Y si quisiera utilizar la palabra en un texto o párrafo, sería válido? ¿O debería usar la palabra paño menor para referirme al mismo?».

Las siguientes líneas darán respuesta a esas tres preguntas. En el Perú, sigue empleándose el término «bivirí», que también lo consigna el Diccionario de peruanismos, de Julio Calvo Pérez, aunque le da preferencia al uso de «bividí» como veremos más adelante.

En la entrada del 28.2.18 de este blog, citaba a Martha Hildebrandt, quien afirmaba que en la vigesimosegunda edición del Diccionario de la lengua española (DLE), de la Real Academia Española (RAE), solo aparecía «la forma popular del préstamo: bivirí» (2012: 75), pero el diccionario de la RAE también informa que, escrito de ese modo, solo se emplea en el Perú.

Y eso se puede confirmar revisando el Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la RAE y la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), en donde solo se consigna la forma «bividí» y no «bivirí», la cual se define de este modo:

Bividí, según el DA, de la ASALE,

La información que consigna el DA resulta útil porque en sus abreviaturas te precisa que dicho término también se emplea en Ecuador (Ec) y en el norte (N) Colombia (Co); pero en el primer caso tiene poco uso (p. u.) y en el segundo, padece de obsolescencia (obsol.), esto es, que es un término que en ese país ha dejado de usarse.

El Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, sí registra ambas formas: «bividí» y «bivirí», dando la preferencia de uso al primero, el cual se define de este modo:

Prenda, generalmente interior, con cuello rebajado y sin mangas.

Ponerse un polerón o una chompa con un amplio escote y debajo un bividí sexy (“layering look”, le llaman), la pone (2016: 129).

Para el caso de «bivirí», el DiPerú remite en su definición al término «bividí» y solo consigna en ese artículo el siguiente ejemplo de uso:

 Terminé abrazado con varias personas en la calle, tiritando de frío (estaba en shorts y bivirí) e imaginando ver que el edifico de cuatro pisos donde vivía iba a caerse (2016: 129).

La palabra recomendada para mencionar esa prenda entonces es «bividí», y puedes emplear también «bivirí» si tu escrito va dirigido a un lector peruano y es informal. En un texto formal, es mejor emplear «bividí».

Y el término en cuestión («bividí») se puede emplear como americanismo o peruanismo y, por lo tanto, es válido incluirlo en un texto formal de uso del español general o estándar, aunque no aparezca en la vigesimotercera edición del DLE, de la RAE y la ASALE, porque sí aparece en el DA, de la RAE y la ASALE, y en el DiPerú, de Julio Calvo Pérez.

No hay que olvidar, además, que (aunque suene obvio, vale la pena recordarlo) la RAE pertenece a la ASALE y la Academia Peruana de la Lengua (APL) (que se encargó de la publicación del DiPerú junto con la Compañía de Minas Buenaventura) también. Y Julio Calvo Pérez es miembro de la APL.

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada por Marco Antonio Román Encinas.

 

Bibliografía

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

HILDEBRANDT, Martha. El habla culta (o lo que debiera serlo). 3era ed. Lima, Perú: Editorial Planeta Perú, 2012.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 7 de enero del 2020 en https://tinyurl.com/y56h2dga

 

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

SOBRE EL TÉRMINO «BICHARRA»

Cocina mejorada

En el Diccionario de peruanismos, de Juan de Arona, no se encuentra registrado el término «bicharra», pero sí en el Diccionario de peruanismos, de Juan Álvarez Vita, que lo define del siguiente modo: «Especie de fogón o cocina improvisada mediante la yuxtaposición de adobes» (1990: 82).

El Vocabulario de peruanismos, de Miguel Ángel Ugarte Chamorro, por su parte, ofrece dos acepciones del término «bicharra» (el segundo de los cuales se asemeja a la propuesta de Álvarez Vita) que son las siguientes:

(1) … Cocina de hierro fundido para cocinar con carbón.

(2) … Horno hecho de adobes (1997: 47).

En la versión en línea del Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), se ofrecen dos definiciones distintas del término «bicharra», la primera de las cuales se emplea en el Perú y la segunda en Cuba, razón por lo que solo reproducimos la primera, que es la que citamos a continuación (véase: https://tinyurl.com/y56h2dga):

Captura, bicharra, 28.9.19,

Como se puede observar, la definición del DA se acerca a la propuesta de Álvarez Vita. En el Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, se ofrece la siguiente definición y ejemplo de uso del término «bicharra»:

Primera y única acepción: «rur. Cocina o fogón hecho a base de adobes, ladrillos o piedras apiladas». Ejemplo: «Además tendrán que construir ellos mismos la bicharra o plataforma donde se instalarán después las planchas de la cocina con las hornillas» (2016: 126).

La definición del DiPerú, de Julio Calvo Pérez, concuerda con la del DA, de la RAE y la ASALE, y solo amplía la opción de construir una bicharra empleando no solo adobes, sino también ladrillos o piedras.

Otro ejemplo de uso del término «bicharra» lo encontramos en la siguiente frase de la novela El retoño, de Julián Huanay: «… Anda, sopla esa bicharra que está saliendo mucho humo» (1969: 61).

En algunos medios suelen escribir el término en mención de esta forma: «Advierten: humo de vicharra es más dañino que el humo del cigarrillo» (véase: https://tinyurl.com/y6z4rl6j), pero lo que propone el DiPerú y el DA es escribirlo de esta manera: «Advierten: Humo de bicharra es más dañino que el humo del cigarrillo».

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/yxwzgeqr

 

 

Bibliografía

ÁLVAREZ VITA, Juan. Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Librería Studium Ediciones, 1990.

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

HUANAY, Julián. El retoño. Lima, Perú: Casa de la Cultura del Perú, 2.a ed., 1969.

MEDINA, Olivia. «Advierten: humo de vicharra es más dañino que el humo del cigarrillo». En diario Correo. Huancayo, 23 de mayo del 2017. Consultado el 27 de septiembre del 2019 en https://tinyurl.com/y6z4rl6j

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 27 de septiembre del 2019 en https://tinyurl.com/y56h2dga

UGARTE CHAMORRO, Miguel Ángel. Vocabulario de peruanismos. Lima, Perú: Fondo Editorial de la UNMSM, 1977.

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

SOBRE EL TÉRMINO «CHUÑO»

Chuño blanco

En el primer tomo del Diccionario de peruanismos, de Juan de Arona, aparece definido el término «chuño», de una manera extensa, explicando el proceso de su preparación, citando fragmentos de las crónicas de Garcilaso y Cieza de León, y también de un libro del Padre Horán. Por ello, y en vista de su valor histórico, considero importante reproducirlo íntegramente:

En la sierra se da este nombre a una cierta papa curada o pasada al sol y al hielo, lo que la hace apta para la exportación o para durar mucho tiempo, como los alimentos en conserva, pudiendo en cualquier momento de escasez de papa fresca, en la Sierra misma, hacerse con ella un chupe. Es pues una papa de tránsito para piedra. Del quichua chuñu, vel chunu, dice Tschudi. Los historiadores primitivos de Indias la españolizan siempre con n llamando la atención sobre la afición de los antiguos peruanos a hacer raíces pasas, como lo hacen los europeos con varias frutas; y comparando a la papa en general con las turmas o criadillas de tierra; como comparaban el maíz al panizo, la quinua al arroz, etc. Garcilaso describe así la chuñificación que hace la papa menestra. — «Para preservarla de corrupción (la papa) la echan en el suelo, sobre paja, que la hay en aquellos campos muy buena; déjanla muchas noches al hielo, que en todo el año hiela en aquella provincia (por el Cuzco) rigurosamente; y después que el hielo la tiene pasada, como si la cocieran, la cubren con paja y la pisan con tiento y blandura, para que despiche la acuosidad, que de suyo tiene la papa, y la que el hielo le ha causado; y después de haberla bien exprimido, la ponen al sol, y la guardan al sereno, hasta que está del todo enjuta. De esta manera preparada se conserva la papa mucho tiempo y trueca su nombre y se llama chuño. [sic] — Y Cieza de León: «Y llaman a esta papa, después de estar seca al sol, chuño, y entre ellos es estimada y tenida en gran precio… y muchos españoles enriquecieron y fueron a España prósperos con solamente llevar a vender este chuno a las minas de Potosí». — Vaya ahora un ejemplo contemporáneo de cómo se come: — «Leandra sirvió a su esposo y a sus hijos una cena compuesta de papas, chuño y maíz con pedazos de carne de puerco». — «Aréstegui, El P. Horán, Escenas de la vida del Cuzco» (1974: 174).

El Diccionario de peruanismos, de Juan Álvarez Vita, ofrece estas tres definiciones del término «chuño», es decir, dos más que Juan de Arona (la primera y la tercera):

(1) … (Del quechua ch’uñu, patata helada y secada al sol)

Amér. Merid.

Fécula de la patata.

(2) … Bolivia, Chile y Perú. Papa deshidratada por efecto de los rayos del sol y del frío nocturno de la cordillera de los Andes.

(3) … Chile y Perú. Harina obtenida del bulbo del yuyo serrano (1990: 210).

El Vocabulario de peruanismos, de Miguel Ángel Ugarte Chamorro, ofrece, por su parte, también tres definiciones del quechuismo «chuño», dos de las cuales coinciden con las ofrecidas por Álvarez Vita, y la última solo se emplea en Arequipa:

(1) … (Del q. chuño y del aim. ch’uño: la papa helada y seca) m. Papa secada al sol y al frío.

(2) … La harina que se obtiene de esa papa helada.

(3) … (Areq.) Indio adinerado (1997: 95).

En la versión en línea del Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), el término «chuño» tiene seis acepciones de uso en la América hispana, de las que solo dos se emplean en el Perú, que son las que procederé a citar (véase: https://tinyurl.com/yyxqt7j7 ):

Pantallazo de chuño

En el Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, aparecen dos acepciones de la palabra «chuño», más una del término compuesto «chuño inglés». Cito:

Primera acepción: «m. Papa deshidratada, secada al sol, al frío y al aire». Ejemplo de uso: «Papa congelada a la intemperie y expuesta al sol para deshidratarla. Hay chuño blanco y chuño negro».

Segunda acepción: «Harina de la papa seca». Ejemplo de uso: «La fabricación de chuño es la forma tradicional de conservar y almacenar las papas duras durante largas temporadas. Es usada como espesante en todo tipo de platos y mazamorras» (2016: 290 y 291).

Término compuesto («chuño inglés»): «m. Almidón de la papa en forma de harina». Ejemplo de uso: «El almidón de papa, o harina de chuño, es comúnmente conocido como chuño inglés en los mercados municipales de Lima» (2016: 291).

Hay que observar, sin embargo, que el DiPerú no considera el término «tunta» (procedente del aimara) como equivalente a «chuño» cuando explica su significado, como sí lo hace el Diccionario de americanismos; pero si revisamos la definición de «tunta» en el DiPerú, veremos que nos remite al artículo de «moraya», y en la acepción de este vocablo se verá cómo se corresponden ambas palabras a la primera definición de «chuño» ofrecida por Julio Calvo Pérez:

«Tunta»: «f. coloq.». V. moraya. Ejemplo de uso: «Los principales productos artesanales son el chuño, chuño negro, moraya o tunta, tócosh y papa seca» (2016: 987).

«Moraya»: «f. Papa deshidratada, helada, apisonada, remojada en agua corriente y puesta a secar». Ejemplo de uso: «Ella está en la zona de cocinas regionales de Mistura, sirviendo sus porciones que llevan, además, papa huairo y moraya (papa deshidratada blanca)» (2016: 642).

Con este último apunte, queda dilucidado, luego de las indagaciones y aclaraciones del caso, que la «moraya» o «tunta» es el «chuño blanco».

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/y57cxzhu

 

 

Bibliografía

ÁLVAREZ VITA, Juan. Diccionario de peruanismos. Lima: Librería Studium Ediciones, 1990.

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 16 de agosto del 2019 en https://tinyurl.com/yyxqt7j7

UGARTE CHAMORRO, Miguel Ángel. Vocabulario de peruanismos. Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1977.

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

SOBRE EL TÉRMINO «HUACO»

Huaco sonriente Mochica

En el tomo II del Diccionario de peruanismos, de Juan de Arona, aparece definido el término «huaco», pero no en artículo aparte, sino como parte final del artículo «huaca»: «ídolo de barro o metal sacado de las huacas, y que las más de las veces es una vasija para beber, como si aquellos buenos indios hubieran querido mezclar lo útil a lo agradable» (1974: 235).

No aparece el término «huaco» en el Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú, de Guillermo E. Bendezú Neyra (1977), pero sí en el Diccionario de peruanismos, de Juan Álvarez Vita, y remite al de «guaco», con lo que establece una preferencia de uso por este último, que define el autor del siguiente modo: «Objeto de cerámica u otra materia que se encuentra en las guacas o sepulcros de los indios» (1990: 259).

El Vocabulario de peruanismos, de Miguel Ángel Ugarte Chamorro, por su parte, procede de modo opuesto a Álvarez Vita, pues es el término «guaco» el que remite a «huaco» con las siguientes tres acepciones:

(1) … (Del q. waca: dios de la casa) m. Objeto de cerámica de diversas clases que se halla en los sepulcros y entierros de los incas y que reproducen rostros y actitudes humanas o exhiben motivos antropomórficos, así como figuras de animales y frutos. // fig. Dícese de la persona que tiene rasgos de indio.

(2) … Planta de la familia de las compuestas que se utiliza para curar la picadura de las víboras (1997: 160).

En la versión en línea del Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), el término «guaco» no remite al de «huaco» y ofrece seis definiciones distintas, ninguna de las cuales se emplean en el Perú, sino en otros países de América Latina, razón por lo que no las reproducimos. El término «huaco», en cambio, sí tiene dos acepciones de uso en el Perú por lo que procedemos a citarlas (véase: https://tinyurl.com/y5fpotrs):

Huaco, pantallazo, 29.7.19,

En el Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, el término «guaco» solo remite a «huaco» en el siguiente ejemplo de uso: «El guaco común es un ave que se puede encontrar en los Pantanos de Villa» (2016: 457). Y se define en el segundo artículo de «huaco» como sigue:

Primera acepción: «m. Ave nocturna de ojos rojos, pico negro, plumaje gris en el dorso y blanco en el vientre…». Ejemplo: «El huaco es un ave mediana que habita en humedales y lagunas».

En el primer artículo de «huaco», en cambio, aparecen estas dos acepciones (ninguna de las cuales coincide con la planta mencionada por Ugarte Chamorro).

Primera acepción: «m. Pieza de cerámica de las culturas prehispánicas, que se guarda en las huacas». Ejemplo: «Ofrece al residente y al visitante una avalancha de posibilidades que van desde las huacas y los huacos prehispánicos hasta lo más universal».

Segunda acepción: «“desp.”. Persona fea y con rasgos mestizos». Ejemplo: «Huaco feo y apestoso. Paolo se cree lo máximo, pobre huaco» (2016: 482).

Lo visto hasta aquí permite, una vez más, sopesar mejor la importancia del DiPerú, que nos ayuda a salir de las dudas a las que nos someten los diferentes diccionarios mencionados antes, cuando se cotejan sus acepciones entre uno y otro libro. Y que, a pesar de ello, insisto en esta idea ya mencionada en un post anterior, y sin su aporte, no hubiera sido posible el DiPerú.

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Nota: La foto del huaco sonriente de la cultura Mochica, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/yyt7m2j9

Bibliografía

ÁLVAREZ VITA, Juan. Diccionario de peruanismos. Lima: Librería Studium Ediciones, 1990.

BENDEZÚ NEYRA, Guillermo E. Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú. Lima: Librería, Importadora, Editora, Distribuidora Lima, 1977.

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 18 de mayo del 2019 en https://tinyurl.com/y5fpotrs

UGARTE CHAMORRO, Miguel Ángel. Vocabulario de peruanismos. Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1977.

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

SOBRE EL TÉRMINO «PACHAMANCA»

Pachamanca, Gutarra

En el Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú, de Guillermo E. Bendezú Neyra, se ofrecen tres definiciones del peruanismo «pachamanca»:

(1) … Deleite carnal en forma desenfrenada/… estuve en una pachamanca que me dejó trapo. En toda una semana, a puro caldo de cojinova, no he podido recuperarme…

(2) … Suculenta cena o banquete. Sin. Comelitón grandimio./… la pachamanca consistirá en aguadito de patricio, bisté a la parrilla y un remate de vinatea blanca…

(3) … Laberinto, desorden/… ayer hubo una pachamanca en el Estadium Nacional por chinear el match Perú-Brasil… (1977: 241).

El Diccionario de peruanismos, de Juan Álvarez Vita, también ofrece tres definiciones del término:

(1) … (Del quechua pacha, general, y manka, olla.)

Carne que se asa entre piedras caldeadas o en un agujero que se abre en la tierra y se cubre con piedras calientes. Condiméntase con ají y se usa en la América del Sur.

(2) … (Del quechua pacha, general, y manka, olla.)

Perú.

Procedimiento inmemorial para cocinar alimentos consistente en caldear piedras chatas y lisas sobre las cuales se colocan papas, ollucos y yucas que son cubiertas por piedras calientes y sobre éstas, las carnes adecuadamente adrezadas que, a su vez, son recubiertas por una nueva capa de piedras caldeadas encima de las que van quesos, humitas y algunas frutas sobre las que irá otro grupo de piedras calientes que serán tapadas con hierbas olorosas, costales y tierra. El tiempo de cocción es aproximadamente de una hora.

(3) … Perú. Fig. Dícese de lo que está revuelto y confuso (1990: 381).

Por su parte, el Vocabulario de peruanismos, de Miguel Ángel Ugarte Chamorro registra solo dos definiciones del término:

(1) … (Del q. pacha: tierra, suelo y manka: olla, y del aim. mankha: comida)

Comida que generalmente se ofrece como agasajo y que consiste en abrir un gran hueco en el suelo, el que se calienta al rojo con leña y piedras que se cubren con capas de tierra, entre las que se ponen carnes aderezadas de toda especie, papas, camotes, yucas, choclos, queso fresco, plátanos, habas, etc.

(2) … fig. Confusión, desorden (1997: 213 y 214).

La mención al «olluco», «yuca», «queso» y «plátano» en las definiciones de Álvarez Vita y de Ugarte Chamorro no aparecen en las citas que se reproducirán en las siguientes líneas, aunque sí en sendas notas sobre la «pachamanca» de la agencia Andina (véase: https://tinyurl.com/y5ljnsav) y de Apega Sociedad Peruana de Gastronomía (véase: https://tinyurl.com/yxaa72a2).

El glosario incluido en el libro ¡Habla jugador!, de Julio Hevia, registra lo siguiente respecto al término en cuestión: «jolgorio y erotismo indiscriminado» (2013: 394). En la versión en línea del Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), encontramos estas dos acepciones del término «pachamanca» (véase: https://tinyurl.com/y2l94ef8):

Pachamanca, DA, RAE y Asale, 5.6.19,

El Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, también dispone de tres acepciones precisas del término «pachamanca», además de ofrecer un ejemplo de uso en cada uno de ellos. Vamos a reproducirlas íntegramente.

Primera acepción: «f. Comida de diferentes tipos de carne, con papa, camote, choclo y otros vegetales protegidos con sacos de yute u hojas de plátano, que se cocinan por tradición en un hoyo, sobre piedras al rojo vivo cubiertas con capas de tierra». Ejemplo: «De acuerdo a las regiones, la pachamanca adquiere ciertas particularidades; por eso hay la pachamanca jaujina, ayacuchana, cuzqueña… y todas con un toque especial».

Segunda acepción: «“pop.”. Situación confusa o desordenada». Ejemplo: «También son elevados partes administrativos que recomiendan ascensos y felicitaciones. Por desgracia, el constante desorden de afuera no deja siquiera que la institucionalizada pachamanca de los viernes sea digerida con el solaz merecido».

Tercera acepción: «Encuentro amoroso fortuito». Ejemplo: «Ese gordo se está poniendo más interesante que tus pachamancas con la piurana —exclamó Lituma. —Cuéntame más de él» (2016: 686).

La variedad de acepciones encontradas en los diccionarios mencionados nos permite corroborar la importancia de contar con libros de consulta especializados que cuenten con el aval de una institución que se ocupe del buen uso del idioma, como ocurre con el DiPerú (publicado por la Academia Peruana de la Lengua), para disponer así de una definición de los peruanismos lo más consensuada posible en el ámbito académico y desde un punto de vista académico.

Digo ello, por supuesto, sin desmerecer el trabajo de quienes, en un esfuerzo muchas veces individual y sin mayor apoyo, se han preocupado por estudiar la variedad regional de la lengua española hablada por los peruanos como lo hizo Juan de Arona (con su Diccionario de peruanismos, que elaboró durante 35 años desde 1860) y Ricardo Palma (con su Papeletas lexicográficas de 1903) en su tiempo. Su aporte, y el de los autores anteriormente citados, ha sido, en diferente medida claro está, importante para lo que tenemos ahora (el DiPerú) y lo ha hecho posible.

Volviendo al asunto, los términos derivados de «pachamanca» son: «pachamancólogo», «pachamanquear», «pachamanquero» y «pachamanca a la olla», este último no aparece en ninguno de los diccionarios mencionados (ojalá lo incorporen en la próxima edición del DiPerú), y hace referencia a la «pachamanca» como plato típico, pero esta vez no cocinado en un hueco hecho en la tierra, sino en una olla.

La importancia de la «pachamanca» en la gastronomía peruana ha sido resaltada en el Perú a través de dos medidas gubernamentales: la primera, mediante la Resolución Directoral Nacional N° 471/INC-2003 del Instituto Nacional de Cultura, hoy Ministerio de Cultura, del 8 de julio del 2003, que la declaró «como Patrimonio Cultural de la Nación por tratarse de una costumbre milenaria» (véase: https://tinyurl.com/yxaa72a2).

Y la segunda mediante la Resolución Ministerial N° 0577-2015-Minagri, publicada el 26 de noviembre del 2015 en el diario El Peruano, por el Ministerio de Agricultura, el cual reconoció así a la «pachamanca» como «un plato con profundo significado cultural en las sociedades campesinas…», e instituyó cada primer domingo de febrero como el Día Nacional de la Pachamanca (véase: https://tinyurl.com/y58l2mfw).

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/y2qbmn5g

Bibliografía

ÁLVAREZ VITA, Juan. Diccionario de peruanismos. Lima: Librería Studium Ediciones, 1990.

ANDINA. «Pachamanca se exporta al mercado europeo envasada al vacío». Lima, Perú: Agencia Peruana de Noticias Andina, 11 de agosto del 2009. Consultado el 5 de junio del 2019 en https://tinyurl.com/y5ljnsav

________. «Día Nacional de la Pachamanca: estas son las variedades de este potaje ancestral». Lima, Perú: Agencia Peruana de Noticias Andina, 1 de febrero del 2019. Consultado el 5 de junio del 2019 en https://tinyurl.com/y5ljnsav

APEGA. «Celebraciones por el Día Nacional de la Pachamanca en 10 regiones del país». Lima, Perú: Apega Sociedad Peruana de Gastronomía, 5 de febrero del 2016. Consultado el 5 de junio del 2019 en https://tinyurl.com/yxaa72a2

BENDEZÚ NEYRA, Guillermo E. Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú. Lima: Librería, Importadora, Editora, Distribuidora Lima, 1977.

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

HEVIA, Julio. ¡Habla jugador! Gajes y oficios de la jerga peruana. Lima: Santillana, 2013.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 18 de mayo del 2019 en https://tinyurl.com/y2l94ef8

UGARTE CHAMORRO, Miguel Ángel. Vocabulario de peruanismos. Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1977.

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

SOBRE EL TÉRMINO «HUAICO»

Evangelina Chamorro, huaicoEn el libro 1000 palabras y frases peruanas, de Martha Hildebrandt, se ofrece esta definición del peruanismo «huaico»:

Este quechuismo (de waiq’u ‘quebrada’) significa en el Perú ‘masa de lodo y piedras que se desprende de una altura por efecto de las lluvias, desbordes u otras causas’; en Arequipa y en otras regiones de América huaico significa ‘quebrada (seca)’. Documentado en el castellano del Perú desde el siglo XVI, huaico se conserva en toda la Sudamérica de sustrato quechua… (2011: 174).

En la versión en línea del Diccionario de americanismos (DA, 2010), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), encontramos estas tres acepciones del término «huaico» (véase: https://tinyurl.com/yywoomv3):

Captura, huaico DA, 2010, 2

El Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, también ofrece tres acepciones diferentes del término «huaico», además de ofrecer un ejemplo de uso en cada uno de ellos. En vista de que se observan diferencias de escritura (más en la forma que en el fondo) con las que registra el DA, vamos a reproducirlas íntegramente.

Primera acepción: «Quebrada o barranco donde se producen aluviones». Ejemplo: «Efectivamente, el huaico es la quebrada y la lloclla es el flujo de detritos. Muchas gracias por recordármelo, algunas veces olvidamos lo que es importante».

Segunda acepción: «“coloq.”. Deslizamiento de lodo y piedra por las lluvias torrenciales». Ejemplo: «Huaico afecta carretera de la selva central: Derrumbe de lodo y piedras cubre 80 kilómetros de la vía que une La Merced y Satipo».

Tercera acepción: «Vómito, expulsión violenta del contenido del estómago a través de la boca». Ejemplo: «Recuerdo mi primera resaca: terminé buitreando, y cuando me trajeron el almuerzo, probé y de ahí de frente tuve que ir al baño a continuar con el huaico» (2016: 484).

En el ya mentado libro de Martha Hildebrandt, se mencionan tres usos figurados del término «huaico», de los cuales solo uno es mencionado por el DA y el DiPerú. Veamos: «… Entre sus usos figurados están los de ‘vejez, en sus signos exteriores’, ‘vómito con arcada’ y ‘conjunto de hechos aciagos’: caerle el huaico a una persona es ‘ser agobiada por serios problemas o dificultades’» (2011: 174).

Sobre la forma recomendada de escribir este término, la Fundéu señala lo siguiente:

Aunque el Diccionario de americanismos, de las Academias de la Lengua, recoge el uso de las grafías huayco y guaico, la forma huaico es la que mejor se ajusta al modo en que se han adaptado las voces del quechua y a las pautas ortográficas del español. La variante con la letra g en lugar de h es muy minoritaria y, por ello, menos aconsejable (véase: https://tinyurl.com/y6zqq7nv).

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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/y5uftm6u

 

Bibliografía

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

FUNDÉU. «Huaico, con i latina, mejor que huayco». Fundéu, Madrid, España, 23 de marzo del 2017. Consultado el 18 de mayo del 2019.

HILDEBRANDT, Martha. 1000 palabras y frases peruanas. Lima, Perú: Editorial Planeta Perú, 2011.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario americanismos. Madrid, España, 2010. Consultado el 18 de mayo del 2019 en http://lema.rae.es/damer/?key=HUAICO

 

Escrito por Marco Antonio Román Encinas       

SOBRE EL TÉRMINO «ROCHE»

Verguenza3N

El Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú, de Guillermo E. Bendezú Neyra, indica que el significado del vocablo «roche» es el siguiente: «Desaire, descortesía» (1977: 292). Y el glosario incluido en el libro ¡Habla jugador!, de Julio Hevia, registra lo siguiente al respecto: «exageración, exhibición desmedida, escándalo» (2013: 402).

En el libro 1000 palabras y frases peruanas, de Martha Hildebrandt, se ofrece una definición más técnica del peruanismo «roche»: «… Este término, de oscura etimología y, al parecer, moderno peruanismo, llega hasta el nivel del habla culta familiar. Roche es un sustantivo polisémico de género masculino, siempre asociado a una sensación de timidez o bochorno» (2011: 286).

En la versión en línea del Diccionario de la lengua española (DLE, 2014), de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), el término «roche» ya ha sido aceptado e incorporado con dos de sus acepciones en una actualización del 2018. La primera acepción es esta: «Cosa notoria o visible»; y la segunda, esta otra: «vergüenza (‖ turbación del ánimo por una acción deshonrosa)» (véase: https://dle.rae.es/?id=WZKCpGR).

El Diccionario de peruanismos (DiPerú), de Julio Calvo Pérez, busca recoger todos los significados con que se emplea el término «roche» en nuestro país y refiere que es una palabra coloquial con cinco acepciones diferentes, es decir, concuerda en ello con Martha Hildebrandt, quien señalaba que se trataba de un «sustantivo polisémico». Veremos una por una esas cinco acepciones con sus respectivos ejemplos de uso.

Primera acepción: «Situación embarazosa o comprometedora». Ejemplo: «En ese momento, incomodó un poco porque nadie me había visto así, un roche».

Segunda acepción: «Vergüenza, turbación del ánimo que suele encender el color del rostro». Ejemplo: «En Turquía, por ejemplo, me pasó algo que hasta me da roche contarlo».

Tercera acepción: «Alboroto, escándalo causado por una o varias personas». Ejemplo: «Dicen que su esposa lo demandará, porque no le pasa la pensión a sus hijos y amenaza con hacerle un tremendo roche en la puerta del club».

Cuarta acepción: «Problema, dificultad que causa disgusto y complicación». Ejemplo: «Si tengo un roche con alguien, prefiero resolverlo sola».

Quinta acepción: «Asunto, conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin». Ejemplo: «Hace unos meses, traté de instalarme la distribución de Debian, pero tuve unos roches con mi conexión a internet por USB y nunca pude terminar de instalarla» (2016: 856 y 857).

Para no estirar mucho esta entrada y sintetizarla, citaré otra vez a Martha Hildebrandt: «De roche se derivan el adjetivo rochoso, -a y el verbo arrochar con su forma pronominal arrocharse, todos términos de obvio significado. Algunos modismos formados sobre roche son tirar roche ‘menospreciar’ y comerse el roche ‘experimentar bochorno’, ‘sonrojarse’» (2011: 286).

Por último, es necesario hacer la siguiente observación. El DLE, de la RAE y la ASALE, define la locución verbal coloquial «estar alguien con roche» como «intentar ocultar algo notorio» (véase: https://dle.rae.es/?id=WZKCpGR).

Sin embargo, el DiPerú, de Julio Calvo Pérez, menciona algo distinto para «estar con roche» (expresión a la que también identifica como «locución verbal coloquial»): «Tratar de algo que produce vergüenza» (2016: 410).

Lastimosamente, en el caso de esta locución, el DiPerú no incluyó un ejemplo de uso, lo cual hubiera sido muy útil para salir de las dudas, pero no pierdo la esperanza de que en una segunda edición ello ocurra.

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Nota: La imagen, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://tinyurl.com/y4u98p7u

 

Bibliografía

BENDEZÚ NEYRA, Guillermo E. Diccionario del argot limeño o jerga criolla del Perú. Lima: Librería, Importadora, Editora, Distribuidora Lima, 1977.

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

HEVIA, Julio. ¡Habla jugador! Gajes y oficios de la jerga peruana. Lima: Santillana, 2013.

HILDEBRANDT, Martha. 1000 palabras y frases peruanas. Lima, Perú: Editorial Planeta Perú, 2011.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española. Madrid, España, 23.a ed., 2014 (Actualización 2018). Consultado el 24 de abril del 2019 en https://dle.rae.es/?id=WZKCpGR

 

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

SOBRE EL «LENGUAJE INCLUSIVO»

Foto_Dr._Moure

Me ha alegrado mucho encontrar publicado en la página web de Castellano.org el artículo «El lenguaje inclusivo» (de septiembre del 2018), escrito por José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de Letras, porque ayuda a finiquitar la discusión bizantina que estaba surgiendo sobre el tema.

Poco antes, el 26 de noviembre del 2018, la Real Academia Española (RAE) había presentado el Libro de estilo de la lengua española según la norma hispánica, elaborado por esa institución y la ASALE, en donde las 23 academias sientan una posición de rechazo al lenguaje inclusivo (véase: https://goo.gl/ZzLxpN).

Moure expone en ese breve artículo argumentos sólidos y contundentes principalmente contra el desdoblamiento de género (niños y niñas, hombres y mujeres, etc.) y la unificación con la vocal «e» de las distinciones de género. Veamos lo que dice sobre el primer caso:

De las varias intervenciones que se han venido proponiendo en los últimos tiempos, acaso la menos espectacular consiste en imponer que se desdoble la mención del sustantivo afectado haciendo visible el género femenino («señoras y señores» —ejemplo en el que se advierte que el procedimiento no es nuevo—, «los y las estudiantes», encomendando al artículo la visibilización femenina, etc.). Cabe preguntarse si la mayor parte de los hablantes necesitará afectar la economía de su expresión recurriendo a ese mecanismo de redundancia, pero se trata de una elección cuya aceptación y generalización es impredecible (véase: https://goo.gl/f3WHzt).

Los defensores del lenguaje inclusivo niegan que este afecte el principio de economía del lenguaje, pero al hacerlo faltan a la verdad. Veamos sino este ejemplo tomado de la Guía de lenguaje inclusivo de género, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile (2017: 4):

Lo que no se debe usar

Lo que se debería usar

«Seis de los estudios chilenos de diseño más innovadores del país, compuestos por jóvenes diseñadores…»

«Seis de los estudios chilenos de diseño más innovadores del país, compuestos por jóvenes diseñadoras y diseñadores…»

Allí se observa claramente que en la propuesta del lenguaje inclusivo hay una palabra de más, decir lo contrario sería mentir. Y casi todas las propuestas inclusivas requieren incrementar el número de palabras, sílabas o letras de una oración.

Lo que refiere sobre ese mismo punto Salvador Gutiérrez Ordóñez, académico de la RAE, en una entrevista también publicada por Castellano.org el 3 de noviembre del 2018, abona igualmente en la postura asumida por Moure, al sostener lo siguiente:

 … existe un principio de economía del lenguaje y la lengua lo sigue bastante al pie de la letra. Admite dispendio en algunos casos, como en el lenguaje poético o estilístico. Pero en la comunicación ordinaria no seremos capaces, cuando hablamos, de mantener siempre lo de «niños y niñas», «alumnas y alumnos» y «padres y madres». Lo de «todos y todas» se puede mantener en una situación administrativa, cuando uno está en la tarima. Pero cuando baja, eso es prácticamente imposible (véase: https://goo.gl/kn65L5).

A lo dicho por José Luis Moure y Salvador Gutiérrez Ordóñez, hay que agregar que los principales propulsores del «lenguaje inclusivo» no son lingüistas en su mayoría, algo observado también por los académicos españoles Arturo Pérez Reverte e Ignacio Bosque.

Este último, en su famoso e importante artículo del 2012: «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», refiere lo que sigue en relación a los defensores y promotores del «lenguaje no sexista» (entiéndase del «lenguaje inclusivo», porque en ese año aún no se le conocía con ese nombre) en las famosas guías de las instituciones estatales españolas:

2. La mayor parte de estas guías han sido escritas sin la participación de los lingüistas. Constituye una excepción MAL [Manual de lenguaje administrativo no sexista (2002), de Antonia M. Medina Guerra (coord.)], que contiene abundante bibliografía. Esta es la guía más completa de las nueve, y también la menos radical en sus propuestas. Cabe pensar que los responsables o los impulsores de las demás guías entienden que no corresponde a los lingüistas determinar si los usos verbales de los hispanohablantes son o no sexistas. Aunque se analizan en ellas no pocos aspectos del léxico, la morfología o la sintaxis, sus autores parecen entender que las decisiones sobre todas estas cuestiones deben tomarse sin la intervención de los profesionales del lenguaje, de forma que el criterio para decidir si existe o no sexismo lingüístico será la conciencia social de las mujeres, o simplemente, de los ciudadanos contrarios a la discriminación (véase: https://goo.gl/AsQUrE).

Y un caso extremo anotado por Ignacio Bosque al respecto es el que mencionamos a continuación:

… Ha trascendido a la prensa recientemente el malestar de los profesores de Lengua Española de la Universidad de Murcia ante la guía de lenguaje no sexista que esta institución elaboró […] sin contar con su participación o recabar siquiera su parecer (véase: https://goo.gl/AsQUrE).

Otro argumento de defensa que esgrimen los defensores del «lenguaje inclusivo» es que sus propuestas no transgreden las normas gramaticales, lo cual también es falso, como lo demuestra el mismo Ignacio Bosque en esta otra cita:

… La Universidad de Murcia (MUR-4) proporciona una lista de «términos que hacen referencia tanto a hombres como a mujeres». En esta lista aparecen alumnado, profesorado y clientela, pero también adolescencia, licenciatura, coordinación, infancia, niñez, ingeniería, vejez y jefatura, términos que se proponen como sustitutos de los nombres de persona. […]

No es preciso, desde luego, ser lexicógrafo para intuir que la niñez no equivale a los niños, y, en general, que, si existen contextos en que alguno de estos sustantivos abstractos equivalga a un colectivo de persona, están sumamente restringidos… (véase: https://goo.gl/AsQUrE).

Sobre el segundo caso, José Luis Moure refiere algo más contundente aún a todo lo esgrimido hasta ahora:

En cuanto a la idea de unificar con la vocal «e» las distinciones de género presentes en los sufijos nominales «-a(s)» (femenino) y «-o(s)» (masculino), más que desaprobar la propuesta, parece conveniente exponer las razones que permiten anticipar su fracaso:

1) No surge como cambio «desde abajo», es decir como una progresiva y por lo general lenta necesidad expresiva de un número considerable de hablantes, sino como una propuesta «desde arriba», numéricamente minoritaria nacida de un grupo de clase media que busca imponer con marca en la lengua un valor en torno a un reclamo social.

2) No implica una simplificación del sistema preexistente, sino una complicación inducida. Esa intervención afecta la estructura misma del idioma en su sistema de desinencias morfológicas de género (elaboradas a partir del latín y a lo largo de siglos), proponiendo la inserción de una terminación artificial arbitraria (vocal «e» ¿por qué no «i»?) sin existencia en la conformación histórica de la lengua (véase: https://goo.gl/f3WHzt).

Sería bueno que alguien cuantificara cuánto se gastan los gobiernos europeos y sudamericanos en elaborar esas guías y manuales que promueven el lenguaje inclusivo en la administración pública y con ello la confusión y el error.

Es muy probable que esa suma de dinero alcance para combatir y reducir la pobreza extrema en América Latina, por ejemplo, y con ello se daría un mejor destino a esos recursos y se acabaría por ese lado el dispendio.

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Nota: La foto de José Luis Moure, al inicio de esta entrada, fue tomada de la siguiente dirección electrónica: https://goo.gl/eDmnEd

 

Bibliografía

BOSQUE. Ignacio. «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer». En página web de la RAE. España, 2012. Consultado el 24 de marzo del 2019 en https://goo.gl/AsQUrE

MOURE, José Luis. «El lenguaje inclusivo». En Castellano.org. Uruguay, septiembre del 2018. Consultado el 24 de marzo del 2019 en https://goo.gl/f3WHzt

PÉREZ, Andrea. «La RAE se reafirma en rechazar el lenguaje inclusivo». En diario Mundo. España, 27 de noviembre del 2018. Consultado el 24 de marzo del 2019 en https://goo.gl/ZzLxpN

PRIETO, Darío. «Salvador Gutiérrez Ordóñez: “Lo de ‘todos y todas’ es imposible de mantener». En Castellano.org. Uruguay, 3 de noviembre del 2018. Consultado el 24 de marzo del 2019 en https://goo.gl/kn65L5

 

Escrito por Marco Antonio Román Encinas

EL «DICCIONARIO DE PERUANISMOS»

DiPerú 2016, rec.

El 6 de mayo del 2018, publiqué en este mismo blog el artículo «Bregando por el libre acceso» (véase: https://goo.gl/eSMYbP), en donde reclamaba que en las bibliotecas públicas o privadas se ofreciera la posibilidad de consultar el Diccionario de peruanismos (DiPerú), de la Academia Peruana de la Lengua (APL), cuya elaboración estuvo a cargo del reputado lingüista y lexicógrafo español Julio Calvo Pérez (2016). Ello, en vista de que era muy costoso adquirirlo en una librería, y en algunas incluso los ejemplares se habían agotado.

Han pasado más de nueve meses desde aquella ocasión y las cosas no han cambiado mucho desde entonces: el DiPerú ya aparece en el catálogo virtual de la Biblioteca Nacional del Perú, aunque todavía no en los catálogos virtuales de las bibliotecas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Y sigue agotado también en la librería virtual Libros Peruanos.

Afortunadamente, pude adquirir, a fines de enero de este año, el libro en mención a menos de la tercera parte de su precio en librerías, en uno de los puestos de la Asociación Cámara Popular de Libreros de Amazonas (sí, son los mismos que antes vendían libros de segunda en la Av. Grau, en Lima, Perú). Y quería escribir aquí mis impresiones sobre el diccionario, mas no una reseña propiamente.

El DiPerú es grande y pesado (mide 25 por 18 cm, aproximadamente, y contiene unas 1145 páginas), por lo que resulta complicado consultarlo manualmente. A ello hay que agregar la sobrecubierta que protege al libro, que me obligó a tener que forrarlo para que no se maltratara (como está sobrepuesta y no adherida, esta se corre y se expone a dobleces y ajaduras) al momento de revisarlo.

La gran ventaja con este libro de consulta es que ahora sí encuentro los términos de uso local que no hallaba en el Diccionario de la lengua española y el Diccionario de americanismos, de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). Pero eso sí, este libro requiere una edición popular y otra básica para las escuelas urgentemente.

Por esa razón, su contenido resulta muy valioso y de gran utilidad, debido a que registra más de 8,000 peruanismos, cada uno de los cuales cuenta con un ejemplo de su uso. Además, el DiPerú menciona los distintos registros a los que pertenecen los términos recogidos y establece lo siguiente al respecto:

… los niveles sociales de uso [de las palabras] se desglosan en lenguaje culto o hiperculto (para casos extremos o de gran cursilería), estándar (que no se registra con ningún rótulo), coloquial (que implica un uso cuidado, pero no formal del lenguaje), popular (que afecta a aquellos usos poco cuidados o propios de personas de poca formación académica y de dudoso gusto), vulgar o hipervulgar (para casos de mal gusto y perversión del lenguaje) y vejatorio (cuando implican insulto, racismo, desigualdad de género o religión, etc.) (2016: xxii).

Veamos algunos ejemplos con la mención de sus registros:

Aguajal.

m. Lugar pantanoso donde abunda la palmera del aguaje.

Los aguajales cubren más de seis millones de hectáreas en la Amazonía peruana, de las cuales cerca de 3 millones son de rodales puros, con una densidad superior a 250 palmeras por hectárea (2016: 34).

Máchica.

f. Harina de cebada o maíz, mezclada con azúcar y canela.

La cebada se utiliza para preparar la máchica, que se sirve en el desayuno en lugar de panes. (2016: 576).

Peñizcar.

tr. «coloq.». Hacer pinza, generalmente con los dedos índice y pulgar, sobre una porción de piel.

Cuando nos peleamos me dice cosas demasiado hirientes y yo le peñizco (2016: 751).

Salchipapería.

f. Establecimiento donde se venden o consumen salchipapas.

Luego de unas coordinaciones con la familia, que lo tenía alojado, la propietaria de la salchipapería y yo, junto con la familia de “Rambo”, acordamos que inmediatamente su madre viaje desde Tarapoto hasta Saposoa para recogerlo (2016: 875).

Tacle.

m. «pop.». Golpe violento propinado con los pies.

Sé que el chino es más grande y fuerte y que nos tira unos tacles que tumban (2016: 924).

Un detalle que sí me desconcertó fue encontrar en las palabras preliminares del libro, redactado por el presidente de la APL, Marcos Martos, los nombres de varios diccionarios escritos de manera diferente a como lo propone la RAE y la Asale: «Diccionario de Autoridades», «Diccionario de la Lengua Española», «Diccionario de Americanismos», «Diccionario de Peruanismos» (2016: xi y xii).

Si revisamos la página web de la RAE, encontraremos esto: Diccionario de autoridades, Diccionario de la lengua española, Diccionario de americanismos (véase: https://goo.gl/dzncYi) y, por lo tanto, debió escribirse también Diccionario de peruanismos.

Otro detalle a tomar en cuenta es el siguiente. En la planta oficial que está al final del DiPerú, de la APL, se menciona algo importante con lo que estoy plenamente de acuerdo:

DiPerú nace en el seno de la Academia Peruana de la Lengua y como tal se fija como norma general de elaboración la emanada por la Real Academia Española (RAE) y por el conjunto de las 22 Academias del español, a las que se someterá como regla, aunque ofrezca peculiaridades propias derivadas de la teorización que lo sustenta (2016: 1066).

El sentido del texto citado está muy bien; sin embargo, hay que aclarar un punto solamente: según lo expliqué en una entrada de este blog del 29 de marzo del 2016 que ya mencioné, desde el 19 de marzo del 2016, la Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española se ha incorporado a la Asale, con lo que sumaba un total de 23 Academias y ya no 22.

Como se refiere en el colofón del DiPerú, dicho libro se terminó de imprimir el 3 de mayo del 2016, es decir, apenas un mes, dos semanas y tres días después de aquel 19 de marzo, por lo que le era difícil enterarse del asunto a tiempo. Una segunda edición de este libro sí tendría que consignar dicho cambio necesariamente.

Aquellos pequeños descuidos, no obstante, no desmerecen el enorme valor de este libro que cubre un gran vacío en el campo lexicográfico del Perú, por el que agradecemos a la APL y al destacado peruanista español Julio Calvo Pérez y colaboradores. Este es el diccionario por el que estaba reclamando desde mis tiempos de corrector, hace más de diez años atrás, y por fin siento que se han cumplido mis expectativas.

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Nota: La foto, al inicio de esta entrada, fue tomada por Marco Antonio Román Encinas

 

Bibliografía

CALVO PÉREZ, Julio (dir. téc.). Diccionario de peruanismos. Lima, Perú: Compañía de Minas Buenaventura y la Academia Peruana de la Lengua, 2016.

ROMÁN ENCINAS, Marco Antonio. «Bregando por el libre acceso». Blog La Norma Académica. Lima, Perú, 6 de mayo del 2018. Consultado el 26 de febrero del 2019 en https://goo.gl/1nTyqH

 

Escrito por Marco Antonio Román Encinas